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Bienvenido a esta web, la cual es fruto del amor y del sentimiento que profesan los estantes del paso

"La Oración en el Huerto" de la Real y Muy Ilustre Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno,

por esta venerable institución, por Murcia y sus costumbres, y por el magnífico legado heredado de nuestros ancestros.

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La Oración 2012 PDF Imprimir E-mail
 
Añoranzas PDF Imprimir E-mail
Escrito por Pedro Zamora García   
Jueves, 19 de Abril de 2012 22:01
... Es inevitable, en un momento de la procesión, unos segundos de contemplación a la obra que llevamos sobre los hombros. Como cada año, suele ser casi siempre en la calle de San Nicolás, la calle mas nazarena de Murcia, creo que el mejor escenario para ello. Me separo adelantándome al trono y reposando mi cuerpo apoyando mi barbilla en mis manos posadas sobre la muletilla metálica de mi estante, alzo la vista y observo una vez más la magnificencia escultórica del maestro Salzillo, sintiendo un enorme escalofrió al presenciar la escena evangélica. Siento una sensación irresistible que eleva mis sentidos al mundo glorioso del Arte supremo, haciendo un esfuerzo de serenidad mental para descender a la fría realidad del análisis detallista. Porque estas imágenes están hechas para ser contempladas en las calles morunas, estrechas, profundas, llenas de gente y con la luz de esta Murcia única. Como comentó nuestro amigo Aliaga: “Nunca se sabrá si Salzillo hizo sus imágenes para desfilar por estas calles, o, estas calles se hicieron para que desfilaran las imágenes de Salzillo”.
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VIERNES SANTO 2012 PDF Imprimir E-mail
Escrito por Pedro Zamora Romero de Castellón   
Sábado, 07 de Abril de 2012 09:41
Por fin llegó el gran día. Amaneció algo nublado pero con la seguridad de que este año la procesión de "los Salzillos" inundarian las calles de Murcia. Dentro de la iglesia las caras relajadas de los nazarenos estantes se fundían con los mantos multicolor de los tronos.
Se oye ese ruido atronador de las puertas de la privativa iglesia y el pendon cruza su umbral. Comienza la procesión al ritmo de los tambores sordos y las brillantes bocinas.

El paso de La Santa Cena comienza su andadura hacia la calle hasta cruzar la enorme puerta.
Tras unos minutos de espera contenida, los nazarenos de La Oración recuerdan a sus seres queridos fallecidos con una oración ante la mirada mitigadora de Nuestro Padre Jesús Nazareno.
El cabo de andas recibe la orden de comenzar el desfile procesional. Golpea su muletilla contra el trono y como sí fuera por una acción divina el trono asciende poco a poco y uniforme, una maniobra que hace sentir envidia sana al resto de nazarenos que quedan en Jesús. Con gran maestria sortean la gigante lámpara central y encaran el paso en la puerta. Por fin van a salir a la calle. Despacio, muy despacio atraviesan el dintel de la puerta aguantando la respiración hasta que las palmas tiernas de la palmera se enderezan al traspasar la puerta. Entre aplausos y lagrimas La Oración ya está en la calle exponiendose a sus hermanos cofrades.

Ya desde el principio se vio que esa procesión no iba a defraudar a nadie. El trono estaba mas alto que nunca y su andar recordaba al del año 2007 (bajo mi punto de vista el mejor desfile procesional que he conocido).
Me llamó mucho la atención el silencio casi continuado de un ejemplo de nazareno y sobre todo de persona, Bibiano Guillen Pardo. Vivió de esa manera la que era su última procesión con su túnica morada.

Poco mas que destacar hasta la llegada a la curva comúnmente llamada "de lenceria". Esos nazarenos que aunque llevando 3 horas y media de procesión a sus espaldas realizaron esa difícil maniobra con una exquisita técnica, levantando de sus asientos al público (y no porque no cupieramos). El cual aplaudía con un fervor superlativo.
Comenzó nuestro andar por la calle mas nazarena de murcia, la calle San Nicolás y como no podía ser de otra manera. Estos inigualables estantes dignificaron aún mas a la Cofradía de Jesús y sobre todo a todos aquellos nazarenos que portaron en algún momento este bello paso.

Ya estábamos a punto de afrontar la última curva, pero aún quedarían cosas importantes por ocurrir. Tras mas de cuarenta años defendiendo su punta de vara, el anteriormente nombrado Bibiano Guillen fue homenajeado por sus compañeros permitiendole que golpeara el estante de cabo de andas y levantando el paso hasta casi las nubes comenzaron a andar con el orgullo que tiene un estante de la Oración en el Huerto.
La entrada a la iglesia fue otro homenaje, en este caso a Nuestro Padre Jesús Nazareno. Con lo que pesa ese Trono y con las horas de procesión que llevaban en sus hombros el paso no se sabía sí entraba o salía por la altura con la que lo portaban.
Básicamente este fue el final del Viernes Santo para los estantes de la Oración. Sólo me queda una cosa por decir. En está vida estoy orgulloso de 2 cosas una de ellas es mi familia y amigos. Y la otra es ser el cabo de andas de la Oración en el Huerto, no por el trono en sí (que por supuesto que sí), sino por tener a los mejores nazarenos y personas del mundo bajo mi mando.
Os quiero estantes de la Oración.

Pedro Zamora Romero de Castellón
 
Al nazareno ausente PDF Imprimir E-mail
Escrito por Pedro Zamora García   
Domingo, 01 de Abril de 2012 15:31
Cada año hay una ausencia. Quizás más de una.
La ausencia se hace presente, se patentiza, a la hora incierta de la tarde, entre dos luces que se funden, a la hora incierta de la mañana, cuando el día se impone a la noche cansada.

Este año, una vez más, se registrara la ausencia en esa augusta, misteriosa y cristiana Semana Santa murciana. En esa tarde convertida en rio de sangre.
Cuando ya no canta el gallo de la Negación porque teme confundirse con el de la amanecida.

Cuando las estrellas, cansadas de llorar lagrimas de plata, se fueron tras una nube blanca, perdida acaso tras la lejana cumbre de Sierra Espuña.
Cuando el sol y la brisa, la rosa y el azahar el río y la caña, componen el clima y el paisaje.
Entonces se mueve la Cruz sobre el hombro descansado; se mueve la Pasión, hecha figura y vida, sobre el hombro fuerte y generoso.
Surge el nazareno murciano, rudo y elegante, y al golpe seco del estante, la procesión se mete en Murcia.
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La vida de un estante mayor PDF Imprimir E-mail
Escrito por Pedro Zamora Romero de Castellón   
Viernes, 23 de Marzo de 2012 18:40
Desde niño he sido enseñado y educado para el puesto que desempeño ahora. Ha sido un camino largo pero muy diferenciado según la edad que iba teniendo.

Ya de muy joven acompañaba a mi padre a las cenas que organizaba con sus nazarenos estantes. Estas cenas eran de lo más aburridas, solo tenia doce años y con esa edad, ver y escuchar, a 40 hombres hechos y derechos, de la procesión, no era lo más divertido para un niño. La verdad es que iba porque me obligaba mi padre, y no sabe lo que se lo agradezco ahora. Yo siempre le decía que me aburría y no quería ir a lo que el me replicaba, “Pedrín te tienes que venir, un día estos hombres serán tu responsabilidad y debes de conocerlos desde pequeño”. Así pues, resignado y sin entender bien el porque tenia que ir a esas cenas eternas, obedecía y asistía a las mismas. Además me sentía una marioneta. Todos me achuchaban y me hacían carantoñas, claro era el hijo del “jefe”. En cuanto a la procesión no dejaba de ser un niño mas que acompañaba a su padre durante la misma, mas pendiente de dar caramelos que de otra cosa.

A los 14 años esas cenas ya no eran tan largas y aburridas. Ya conocía a esos hombres por su nombre y prestaba mucha atención a las directrices que daba mi padre para que todo saliera perfecto en la procesión. Además ya no me pegaban esos achuchones ni me “avergonzaban”, con tantos mimos como cuando era mas pequeño. Fue en esa época cuando descubrí el significado de que a un hombre, siempre más joven que los otros, le echaran cava en la cabeza, mientras que le decían unas palabras. Me refiero al bautizo del estante de la Oración. Este acto no era solo un acontecimiento divertido o novatada. Significaba un compromiso. El compromiso de un hombre para con su paso y para con sus compañeros. Nunca olvidaré el mío, con tan solo quince años me bautizaron y para mi fue uno de los días mas emocionantes, aprendí el significado de las palabras compromiso y honor. Mi papel en la procesión no era ya tanto de pasármelo bien y repartir todos los caramelos que llevaba en la “sená”, mi padre me dejaba darle al paso de vez en cuando, y me llenaba de satisfacción ver como esos gigantes nazarenos, respondían a mi toque y comenzaban a caminar. Sin lugar a dudas las raíces habían agarrado bien y entendí que mi vida giraría en torno a ese paso y a esos nazarenos.

A partir de los veinte años hasta los treinta, mi rol dentro del paso fue evolucionando. En las cenas y reuniones cada vez mi papel se iba convirtiendo en algo mas importante, hasta me permitía alguna vez echar algún rapapolvo por algo que no se había hecho según mi criterio. Actuaba de segundo cabo de andas. Aunque mi padre preparaba esas reuniones, yo participaba en ellas de una manera activa, ganándome el respeto de los nazarenos. En la procesión actuaba de segundo cabo de andas plenamente. Cada vez mas, mi padre me dejaba que cogiera las riendas del paso y el se iba dedicando a indicarme como debía de hacerlo. En esta época me inculcaba mucho el respeto que debía de tener hacia los nazarenos de la Oración. El siempre se ha enardecido hablando de sus nazarenos y con el tiempo entendería que tenía toda la razón al hacerlo.

De los treinta a los treinta y cinco años mi papel cambió por completo. Aunque el nunca me lo ha dicho, sé que sintió que yo ya estaba preparado para ocupar su puesto. Incluso en algún corrillo nazareno dejó entre ver que se iba a retirar para dejarnos el puesto a mi hermano y a mí. Tanto es así que en una cena no tuve mas remedio que interrumpir a mi padre cuando iba a anunciar su retirada. Lo hice de una manera dura y energica. Poco mas o menos que con estas palabras, me puse en pie y con lagrimas en los ojos y un nudo en la garganta, le dije delante de sus nazarenos” no estoy dispuesto a que dejes el paso con 65 años por mi hermano y por mi, así que ni se te ocurra decirlo otra vez”. Yo se porque se lo quería dejar, en la cofradía corrían años de tranquilidad después de otros de verdadera beligerancia, y vio el momento oportuno para que nuestra sucesión no corriera peligro. Aun así no podía permitir que mis nazarenos dejaran de ser dirigidos por el mejor cabo de andas que ha habido y habrá. Aún con él en el paso, ya no tomaba decisiones importantes sin consultármelas y me dejaba a mí mas suelto en el gobierno del paso. En la procesión ocurría lo mismo, el sacaba el paso, lo metía y realizaba alguna maniobra que otra, el resto era cosa de mi hermano y mía.

A los treinta y seis años se produjo ese acontecimiento que esperaba con ansiedad y al mismo tiempo deseaba que no llegara nunca. Mi padre se retira y nos deja el puesto a mi hermano y a mí. Ya era cabo de andas de pleno derecho y aunque estaba deseando que llegara el día, ese año fue duro para mí. En la cena de preparación de la procesión, era un manojo de nervios, sinceramente no me acuerdo ni lo que dije, ni si lo hice bien o mal. Solo se que lo pase muy mal. Ya no por la responsabilidad de ser el cabo de andas sino por la ausencia de mi padre en el puesto. Sin embargo cuando llegó el Viernes Santo, yo mismo no me reconocía. Una templanza exagerada se apoderó de mi, no me pesó lo mas mínimo la responsabilidad y resolví con veteranía las mil pruebas que Nuestro Padre Jesús me puso ese día. Recuerdo que un día mi padre me dijo, “Pedro saca tu el paso”, a lo que yo le respondí “lo sacaré cuando sea el cabo de andas titular”. Esta contestación aparentemente puede resultar como un desprecio, pero nada más lejos de la realidad. No quería quitarle a mi padre ese privilegio, ya que para un nazareno, la salida y la entrada del trono son sagradas. Pues bien ese año ya podría sacar la Oración a la calle, pero le cedí ese honor a mi padre. Esos toques secos de la muletilla de cabo de andas al trono, me sonaron como gloria vendita. Tras esa procesión tan accidentada y al tiempo preciosa entendí el porque mi padre siempre vanagloriaba a sus nazarenos. Simplemente porque se lo merecen, y sin ellos nada era, es ni será posible en este paso.

Desde el año 2007 soy el cabo de andas de la Oración en el Huerto, y te puedo asegurar querido lector que cada día de mi vida debo darle las gracias a mi padre por haberme obligado a ir a esas tediosas reuniones desde niño, a inculcarme el amor a la Cofradía de Jesús, al paso de La Oración en el Huerto y por supuesto a sus nazarenos.

 

A Pedro Zamora García, mi mentor, mi maestro y el mejor cabo de andas que ha existido nunca

 

Pedro Zamora Romero de Castellón

Cabo de andas de la Oración en el Huerto
 
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